colectiva

Contemporary Art from Cuba Irony & Survival on the Utopian Island

  • Los sue?os no caen solos/Instalacion
  • Pa' Cuba/Madera policromada
  • Hecho cuando tenia 20 a?os de edad/Acrilico sobre lienzo
  • Mar de lagrimas/Instalacion porcelana glaseada

Museum of Latin American Art Long Beach, California El arte cubano de décadas recientes ha estado siguiendo un curso dinámico, como lo confirmó la exposición itinerante Contemporary Art from Cuba. Al explorar temas sociales, políticos y culturales, las obras reunidas hablaban las teorías norteamericanas conceptuales y postmodernistas, aunque reflejaban una conciencia autónoma que parece haberse convertido en un indicador del arte cubano posterior a la década de 1980. Reseñada recientemente en Los Ángeles, la exposición presentó obras de 17 artistas cubanos emergentes, la mayoría de los cuales no pasa de los 30 años. La exposición, que trazó una ruta circular a través de una serie de ocho salones, como si estuviera recorriendo metafóricamente los parámetros de una isla, yuxtaponía las obras de Fernando Rodríguez y Jacqueline Brito en la primera galería. La instalación de Rodríguez, Pa’ Cuba, elaborada en madera toscamente labrada, presentaba aspectos sociopolíticos de importancia temática para toda la exposición. Empleando procesos sin terminado como indicadores de sinceridad artística, esta pieza parodiaba no sólo el modernismo, sino también el fallido idealismo socioeconómico de la Revolución cubana. Preocupaciones sociopolíticas afines avivaban las obras de frecuentes ribetes satíricos de Pedro Álvarez, Belkis Ayon, Abel Barroso, Yamilys Brito, René Francisco, José Toirac y Tonel, que aparecían en las salas siguientes. Complementando las obras de Rodríguez en el salón de entrada estaba ETATIS.SUE.XX, una pequeña pintura de Brito, similar a una joya, que construía metáforas del mar y planteaba el tema del aislamiento y la autonomía geográficos de Cuba. Estas inquietudes alcanzaron un crescendo en los salones centrales de la exposición, en donde aparecían otras obras de Brito, Kcho, Sandra Ramos, Los Carpinteros y Osvaldo Yero. Varios artistas adoptaron métodos de apropiación, ya fuera de objetos, premisas conceptuales o estilos artísticos propios, para presentar inquietudes sociopolíticas. Esto ocurrió claramente con Pedro Álvarez, cuyas pinturas a gran escala se burlaban de la historia, como High, Low, Left and Right: Homage to the French Revolution, que le rendía un homenaje socarrón a la bandera francesa con sus paneles monocromáticos en rojo, blanco sucio y azul. Al plantear dudas difíciles de resolver acerca de las nociones de autenticidad cultural y su relación con los ideales de productos de consumo tomados generalmente del modelo eurocentrista, Álvarez insinuó la complejidad de la identidad en el mundo cubano, global y postindustrial. Las obras que se hallaban en el santuario interior de la exposición llevaron estos temas más lejos. Entre ellas estaba Para olvidar, de Kcho, que ha sido ampliamente exhibida y comentada; sus metáforas de viaje, tanto literal como conceptual, construyeron fuertes diálogos con otras obras. Las de Ramos y Yero ejemplificaron los enérgicos contrastes de esta narrativa. La maleta ready-made de Ramos, pintada con la imagen de dos amantes y titulada Swimming under the Stars, en un paisaje en donde había diseminados satélites de espionaje, arponeaba los sueños idealistas del éxodo cubano a los Estados Unidos. En comparación, Sea of Tears (Mar de lágrimas), (1998), de Yero, conmemoraba a quienes han abandonado la isla. Su trazo de 750 manos de porcelana azul vueltas hacia abajo y formando diseños que semejaban olas, hacía alusión a quienes se han ahogado en fallidos intentos por huir, aunque las placas fijadas en la galería explicaban que la obra recordaba el éxodo de artistas cubanos. Introduciendo tonos sombríos que le hacían eco a las actitudes más serias del arte cubano de principios de la década de 1980, estas obras conversaban con las de Carlos Estévez, que estaban en el último salón. Con temas que sugerían restricción y patrañas, sus dibujos a gran escala presentaban una aguda crítica a la cultura manejada industrialmente. Aunque a su marioneta se le otorgó un espacio preeminente, fueron los dibujos murales, realizados en meticulosas líneas, los que resultaron más memorables. Representando individuos aislados atrapados en pequeños espacios limitantes, estas obras ponían en duda el requisito del compromiso humano para el triunfo progresivo de la industrialización. Al construir sobre logros artísticos pasados mientras trazaba nuevos territorios, esta exposición compendió el dinamismo del escenario artístico cubano que está surgiendo. Conversando con el postmodernismo pero yendo más allá de sus horizontes, estas obras introdujeron una nueva armonía en los diálogos del arte contemporáneo y, como una advertencia, honraron a Latinoamérica, con lo que resultó ser una de sus mejores exposiciones de verano. Collette Chattopadhyay ?